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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Barrio de Maré, Río de Janeiro.

En París, el barrio de Le Marais es uno de los más modernos y cosmopolitas de la ciudad, dominado por negocios y sedes bancarias. Toma su nombre de “marisma” debido a que se creó robándole espacio al mar. En Río de Janeiro existe otro barrio con el mismo sistema de origen y denominación, Maré, pero no se parece nada al francés. En el barrio carioca viven 132.000 personas agrupadas en dieciséis favelas. El primero ocupa en los medios de comunicación páginas de vida social y de gays modernos e integrados (son los protagonistas de la película Paris je t'aime), al segundo, sólo se le conoce por la violencia, el crimen y el narcotráfico.


El complejo Maré, en el norte de la ciudad, es el lugar que nunca visitará un turista en Río de Janeiro ni tampoco un habitante acomodado de la ciudad. Dominado por la pobreza de la economía sumergida, la falta de colegios y sin ningún hospital, sus habitantes intentan explicar que la gran mayoría no son los protagonistas de la violencia sino sus víctimas. En las favelas de Maré, son miles las personas que no existen para la Administración brasileña porque no se censaron, sus precarias viviendas son ilegales y los programas sociales del gobierno Lula no terminan de generalizarse por la falta de información o la situación de alegalidad de sus habitantes que parece que sólo interesan a la policía que entra todos los días en sus coches blindados a enfrentarse (o apoyar) a algunas de las bandas que dominan el barrio.
El mes pasado terminó una guerra entre grupos armados de narcotraficantes que duró cinco meses y dejó cincuenta muertos. Durante ese tiempo se vivió un toque de queda no declarado, los colegios no funcionaron y los tiroteos eran constantes día y noche entre facciones rivales que circulaban entre barricadas construidas en las calles. La policía se dedicó a formar parte de la guerra poniéndose al servicio de la banda que más pagara, un grupo de narcos llegó a alquilarles tres carros blindados. Hoy el barrio se lo reparten tres facciones de traficantes y una milicia de limpieza social estrechamente relacionada con los sectores más corruptos de la policía. Cada grupo puede estar integrado por unos doscientos hombres armados, ninguno de los cuales puede pisar el sector de otro grupo al tiempo que se encarga de eliminar al que quiera entrar en su territorio. En las calles fronterizas hay muertos todos los días. No existen datos oficiales de violencia porque ésta solo sirve para llenar páginas sensacionalistas de la prensa y criminalizar a todos los que allí viven. Sin embargo, sus habitantes me insisten en que apenas el 2 o el 3% de los pobladores están relacionados con los grupos armados y el crimen, la mayoría son gente sencilla: vendedores ambulantes, albañiles, empleadas domésticas, pescadores. Gente que sólo quiere vivir en paz.
A Maré se llega tras viajar media hora en un destartalado autobús sin amortiguadores y atravesar la Avenida de Brasil por alguno de sus pasos elevados peatonales. Las líneas de autobuses se quedan a la entrada del barrio, los vecinos deben entonces llegar a sus casas en bicicleta, mototaxis o pequeños buses que sólo circulan por el complejo. Quien me acompaña por el barrio, me va indicando el nivel de peligro de cada calle, los pocos puntos que puedo fotografiar (muy pocos) y las personas que mejor no debo mirar a la cara. En el suelo, los charcos de aguas inmundas salpican el terreno; en el aire, los cables de las tomas ilegales de electricidad. Algunas de las viviendas en zonas recientemente ocupadas no tienen luz ni agua. La falta de asistencia sanitaria de urgencia es alarmante. Sólo existe un precario puesto extrahospitalario de 24 horas para los más de cien mil habitantes. Para la asistencia hospitalaria deben ir al Hospital General de Buen Suceso, fuera del complejo, donde la saturación es tal que deben esperar muchas horas para ser atendidos y en muchas ocasiones deben volverse a casa sin que les vea el médico.
La mayoría de los políticos sólo se acuerda de favelas como las de Maré en tiempos de elecciones. Con la ayuda de sus colaboradores y de alguna de las iglesias que salpican sus calles convocan a los ciudadanos, en muchas ocasiones ni siquiera los candidatos van, sus acólitos se encargan de repartir comida u organizar una jornada de asistencia odontológica que les permite garantizarse el voto de muchos. Puede bastar un saco de arroz o un juguete para tener garantizado el apoyo. Con la excepción de algún político honesto, la gran mayoría de partidos y candidatos se encuentra a gusto con el sistema. Los candidatos que han intentado cambiar el modelo organizar a los vecinos han acabado amenazados y su vida corre peligro si pisan las calles de Maré. Es el caso del diputado Marcelo Freixo, que dirigió una comisión para investigar las milicias de las favelas de Río y hoy está bajo protección policial por las amenazas de estos grupos armados. La connivencia entre traficantes y milicias con los políticos corruptos garantiza que no surja ningún movimiento ni liderazgo político, la desmovilización de los ciudadanos acaba siendo estremecedora. En los informativos Maré sólo es noticia por la violencia o cuando se celebra un evento deportivo pagado por alguna gran organización.
Otra característica que impresiona a quienes se adentran en Maré es la presencia de Iglesias. Probablemente más de una por manzana, pueden ser unas doscientas: católicas, protestantes, baptistas, evangélicas... Su labor de alienación es indiscutible, el mensaje de que la realidad es voluntad de Dios más que de las reivindicaciones y conquistas de los grupos sociales organizados colabora en el mantenimiento y la resignación de muchos de los pobladores de las favelas. La condena de algunas de ellas de los métodos anticonceptivos, en especial las evangélicas, permite que la maternidad precoz y la natalidad se dispare entre sus habitantes. Las jóvenes inician su década de los veinte años ya con tres y cuatro hijos.
Maré comenzó a crearse en 1934, con la emigración de brasileños procedentes del nordeste del país. Los asentamientos se inician en lo largo de la Avenida de Brasil y van avanzando hacia el norte. Su denominación, al igual que en el barrio de París, la toman de su origen pantanoso y de marismas que van resecando desde los años cincuenta para hacerlas habitables.
Pero no todo es tragedia en Maré, muchas gentes luchan por mejorar las condiciones de vida. De hecho, me cuentan que la mayoría de los habitantes no quiere irse de allí, pero sí quisieran mejorar la situación de violencia y la habitabilidad de sus construcciones e infraestructuras, el sistema de saneamiento se desborda con frecuencia con las lluvias. El Centro de Estudios y Açoes Solidárias da Maré (Ceasm) dispone de una Casa de Cultura con numerosas actividades, desde biblioteca a clases de danza o servicios de informática. Incluso han creado el museo de Maré con la historia de un barrio al que, a pesar de todo, siguen amando. Mientras fuera de allí todo el mundo asocia Maré a violencia y droga, ellos quieren destacar que poseen una identidad cultural muy distinta de esos estereotipos y recuerdan que esa violencia es consecuencia de la falta de unos políticas públicas sociales que reivindican para su barrio. De todo ello hablan en la revista O Cidadao (El Ciudadano) de la cual reparten veinte mil ejemplares cada mes. Es verdad que el narcotráfico está omnipresente en el barrio, pero el consumo no es muy diferente del de cualquier otro lugar de la ciudad, sus habitantes no tienen dinero para ser grandes consumidores. El problema son los grupos de narcos que han convertido el complejo en un centro de almacén y distribución de droga para el resto del país. Por sus calles se les puede ver esgrimiendo sus fusiles de asalto con total impunidad.


Uno abandona Maré viendo a lo lejos la espalda de la estatua del Cristo Redentor, en lo alto del cerro de Corcovado. Ojalá si el Cristo no se da la vuelta para preocuparse más por esas 132.000 almas lo hagan los gobernantes y la clase política brasileña. Mientras tanto cada día amanecerán en esas favelas hombres, mujeres y niños que nunca visitarán en París ese barrio que se llama como el suyo y que luchan por sobrevivir en un mundo que parece que les tiene relegados a las páginas de sucesos.

Extraído del blog de Pascual Serrano.

lunes, 26 de octubre de 2009

Barrio de Acari, en el Río Norte de Río de Janeiro.



"Un estudio del Observatorio de Favelas, realizado entre los adolescentes del tráfico de la Maré, revela que el 70% no tiene interés político. Ya se acabaron los tiempos en los que se podía hablar de las guerrillas de pensamiento marxista; ahora han sido sustituidas por las violentas mafias de la droga. Eso es lo que son. Sin más vueltas. Y se alimentan de la espiral de extrema pobreza de la gente. "Sus sueños son consumistas", afirma Raquel Widallino, una de las directoras del observatorio. Ni política ni inquietudes sociales. El progresista diputado Fernando Gabeira piensa que los "traficantes ni siquiera tienen fuerza ideológica".
Talys Motta -40 años, vendedor de libros- es el hombre/excepción: conoce los dos Ríos paralelos. Sabe cómo y cuándo entrar en las favelas. Frecuenta fiestas pijas de la zona sur. Pero conoce los códigos de Río Norte. Incluso frecuenta la verdadera "Franja de Gaza", en Manguinhos, mucho más cruda que la de Santa Teresa. De noche, no para en semáforos en rojo. A veces, afirma, "en área de traficantes, la clave es apagar y encender rápidamente las luces". A bordo de su coche destartalado, Talys explica cómo los niños entran en el tráfico como olheiros (vigilantes) o fogueteiros (lanzan cohetes de aviso cuando llega la policía). Evolucionan a vapores (vendedores). "Muchos se quedan en el camino", dice. Durante los dos años que duró el estudio del Observatorio, 45 de los jóvenes fueron asesinados. "Empiezas en el crimen", remata Talys, "y no consigues salir".
Las líneas de separación son casi imperceptibles. Jamaica, un joven negro de la favela Fallet, encarna como nadie al adolescente-que-acaba-delinquiendo. Pisó durante años el "asfalto" de Santa Teresa para vender pantalones, camisetas, objetos robados. De repente, vendía marihuana y cocaína. Jamaica desapareció con 10 reales prestados "para comprar pañales para su hijo". Nunca más dio señales de vida.
Las cifras impresionan: se calcula que unas 100.000 personas trabajan para los narcotraficantes en Río."
("Río de Janeiro, ciudad de Dios y del Diablo", Bernardo Gutiérrez.)


Enlace al reportaje de El País Semanal.

domingo, 25 de enero de 2009

Makiza

Makiza "La rosa de los vientos". De Chile, el grupo de Hip Hop cantado en castellano más interesante que he escuchado últimamente. El disco al que pertenece el vídeo se titula Aerolíneas Makiza y es del año 1999.



martes, 29 de julio de 2008

"La isla de las flores" Jorge Furtado 1989

Brutal cortometraje dirigido por el brasileño Jorge Furtado en 1989.



jueves, 29 de mayo de 2008

Sepultura

Sepultura "Refuse/Resist", del disco Chaos AD, año 1993



viernes, 4 de abril de 2008

El saqueo de América Latina y la acumulación originaria

En el primer tomo de El Capital, escribió Karl Marx: "El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros tantos factores fundamenteles en el movimiento de la acumulación originaria".


El saqueo, interno y externo, fue el medio más importante para la acumulación primitiva de capitales que, desde la Edad Media, hizo posible la aparición de una nueva etapa histórica en la evolución económica mundial. A medida que se extendía la economía monetaria, el intercambio desigual iba abarcando cada vez más capas sociales y más regiones del planeta. Ernest Mandel ha sumado el valor del oro y la plata arrancados de América hasta 1660, el botín extraído de Indonesia por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales desde 1650 hasta 1780, las ganancias del capital francés en la trata de esclavos durante el siglo XVIII, las entradas obtenidas por el trabajo esclavo en las Antillas británicas y el saqueo inglés de la India durante medio siglo: el resultado supera el valor de todo el capital invertido en todas las industrias europeas hacia 1800. Mandel hace notar que esta gigantesca masa de capitales creó un ambiente favorable a las inversiones en Europa, estimuló el "espíritu de empresa" y financió directamente el establecimiento de manufacuras que dieron un gran impulso a la revolución industrial. Pero, al mismo tiempo, la formidable concentración internacional en beneficio de Europa impidió, en las regiones saqueadas, el salto a la acumulación de capital industrial. "La doble tragedia de los países en desarrollo consiste en que no sólo fueron víctimas de ese proceso de concentración internacional, sino que posteriormente han debido tratar de compensar su atraso industrial, es decir, realizar la acumulación originaria de capital industrial, en un mundo que está inundado con los artículos manufacturados por una industria ya madura, la occidental."
Las colonias americanas habían sido descubiertas, conquistadas y colonizadas dentro del proceso de la expansión del capital comercial. Europa tendía sus brazos para alcanzar el mundo entero. Ni España ni Portugal recibieron los beneficios del arrollador avance del mercantilismo capitalista, aunque fueron sus colonias las que, en medida sustancial, proporcionaron el oro y la plata que nutrieron esa expansión. Como hemos visto, si bien los metales preciosos de América alumbraron la engañosa fortuna de una nobleza española que vivía su Edad Media tardíamente y a contramano de la historia, simultáneamente sellaron la ruina de España en los siglos por venir. Fueron otras las comarcas de Europa que pudieron incubar el capitalismo moderno valiéndose, en gran parte, de la expropiación de los pueblos primitivos de América. A la rapiña de los tesoros acumulados sucedió la explotación sistemática, en los socavones y en los yacimientos, del trabajo forzado de los indígenas y de los negros esclavos arrancados de África por los traficantes.


Europa necesitaba oro y plata. Los medios de pago de circulación se multiplicaban sin cesar y era preciso alimentar los movimientos del capitalismo a la hora del parto: los burgueses se apoderaban de las ciudades y fundaban bancos, producían e intercambiaban mercancías, conquistaban mercados nuevos. Oro, plata, azúcar: la economía colonial, más abastecedora que consumidora, se estructuró en función de las necesidades del mercado europeo, y a su servicio. El valor de las exportaciones latinoamericanas de metales preciosos fue, durante prolongados periodos del siglo XVI, cuatro veces mayor que el valor de las importaciones, compuestas sobre todo por esclavos, sal, vino y aceite, armas, paños y artículos de lujo. Los recursos fluían para que los acumularan las naciones europeas emergentes. Ésta era la misión fundamental que habían traído los pioneros, aunque además aplicaran el Evangelio, casi tan frecuentemente como el látigo, a los indios agonizantes. La estructura económica de las colonias ibéricas nació subordinada al mercado externo y, en consecuencia, centralizada en torno del sector exportador, que concentraba la renta y el poder.
A lo largo del proceso, desde la etapa de los metales al posterior suministro de alimentos, cada región se identificó con lo que produjo, y produjo lo que de ella se esperaba en Europa: cada producto, cargado en las bodegas de los galeones que surcaban el océano, se convirtió en una vocación y en un destino. La división internacional del trabajo, tal como fue surgiendo junto con el capitalismo, se parecía más bien a la distribución de funciones entre un jinete y un caballo, como dice Paul Baran. Los mercados del mundo colonial crecieron como meros apéndices del mercado interno del capitalismo que irrumpía.
Celso Furtado advierte que los señores feudales europeos obtenían un excedente económico de la población por ellos dominada, y lo utilizaban, de una forma u otra, en sus mismas regiones, en tanto que el objetivo principal de los españoles que recibieron del rey minas, tierras e indígenas en América, consistía en sustraer un excedente para transferirlo a Europa. Esta observación contribuye a aclarar el fin último que tuvo, desde su implantación, la economía colonial americana; aunque, formalmente mostrara algunos rasgos feudales, actuaba al servicio del capitalismo naciente en otras comarcas. Al fin y al cabo, tampoco en nuestro tiempo la existencia de los centros ricos del capitalismo puede explicarse sin la existencia de las periferias pobres y sometidas: unos y otros integran el mismo sistema.


Pero no todo el excedente se evadía hacia Europa. La economía colonial también financiaba el despilfarro de los mercaderes, los dueños de las minas y los grandes propietarios de tierras, quienes se repartían el usufructo de la mano de obra indígena y negra bajo la mirada celosa y omnipotente de la Corona y su principal asociada, la Iglesia. El poder estaba concentrado en pocas manos, que enviaban a Europa metales y alimentos, y de Europa recibían los artículos suntuarios a cuyo disfrute consagraban sus fortunas crecientes. No tenían, las clases dominantes, el menor interés en diversificar las economías internas ni en elevar los niveles técnicos y culturales de la población: era otra su función dentro del engranaje internacional para el que actuaban, y la inmensa miseria popular, tan lucrativa desde el punto de vista de los intereses reinantes, impedía el desarrollo de un mercado interno de consumo.
Una economista francesa sostiene que la peor herencia colonial de América Latina, que explica su considerable atraso actual, es la falta de capitales. Sin embargo, toda la información histórica muestra que la economía colonial produjo, en el pasado, una enorme riqueza a las clases asociadas, dentro de la región, al sistema colonialista de dominio. La cuantiosa mano de obra disponible, que era gratuita o prácticamente gratuita, y la gran demanda europea por los productos americanosm hicieron posible, dice Sergio Bagú "una precoz y cuantiosa acumilación de capitales en las colonias ibéricas. El núcleo de beneficiarios, lejos de irse ampliando, fue reduciéndose en proporción a la masa de población, como se desprende del hecho cierto de que el número de europeos y criollos desocupados aumentara sin cesar". El capital que restaba en América, una vez deducida la parte del león que se volcaba al proceso de acumulación primitiva del capitalismo europeo, no generaba, en estas tierras, un proceso análogo al de Europa, para echar las bases del desarrollo industrial, sino que se desviaba a la construcción de grandes palacios y templos ostentosos, a la compra de joyas y ropas y muebles de lujo, al mantenimiento de servidumbres numerosas y al despilfarro de las fiestas. En buena medida, también, ese excedente quedaba inmovilizado en la compra de nuevas tierras o continuaba girando en las actividades especulativas y comerciales.
En el ocaso de la era colonial, encontrará Humboldt en México "una enorme masa de capitales amontonados en manos de los propietarios de minas, o en las de negociantes que se han retirado del comercio." No menos de la mitad de la propiedad raíz y del capital total de México pertenecía, segun su testimonio, a la Iglesia, que además controlaba buena parte de las tierras restantes mediante hipotecas. Los mineros mexicanos invertían sus excedentes en la compra de latifundios y en los empréstitos en hipoteca, al igual que los exportadores de Veracruz y Acapulco; la jerarquía clerical extendía sus bienes en la misma dirección. Las residencias capaces de convertir al plebeyo en un príncipe y los templos despampanantes nacían como los hongos después de la lluvia.


En el Perú, a mediados del siglo XVII, grandes capitales procedentes de los encomenderos, mineros, inquisidores y funcionarios de la administración imperial se volcaban al comercio. Las fortunas nacidas en Venezuela del cultivo del cacao, iniciado a fines del siglo XVI, látigo en mano, a costa de legiones de esclavos negros, se invertían "en nuevas plantaciones y otros cultivos comerciales, así como en minas, bienes raíces urbanos, esclavos y hatos de ganado".

El texto tiene por título original La distribución de funciones entre el caballo y el jinete y está sacado del libro Las venas abiertas de América Latina escrito por Eduardo Galeano Siglo XXI 2006

domingo, 10 de febrero de 2008

Los taínos y las relaciones contractuales 1517

"En un cuestionario elaborado por los jerónimos enviados a La Española por el cardenal Cisneros, en el que se pretendía examinar "la capacidad" de los taínos, se formula, entre otras, la siguiente pregunta, que transcribo extractada en lo esencial, advirtiendo que no va dirigida a los examinados, sino a los colonos: "Si saben, creen, vieron y oyeron decir que los tales yndios [...] son de tal saber y capacidad [...] que sean para ponerlos en libertad entera, y que cada uno de ellos podrá vivir políticamente, sabiendo adquirir por sus manos de qué se mantenga, ahora sacando oro por su batea [...] o cogiéndose [empleándose] por jornales o de cualquier otra manera, según acá los castellanos viven; y que sepan guardar lo que así adquiriesen, para lo gastar en sus necesidades, conforme a la manera en que lo haría un hombre labrador de razonable saber, de los que en Castilla viven". Entre las varias respuestas que se dieron al interrogatorio, aparece la de un licenciado, Cristóbal Serrano, el cual (cito de Lewis Hanke, La lucha española por la justicia en la conquista de América) "consideraba que, puesto que los indios no mostraban ambición o deseo de riqueza -siendo éstos los principales móviles que impulsaban a los hombres, según el licenciado, a trabajar y adquirir bienes- inevitablemente carecerían de lo necesario en la vida si no los vigilaban los españoles". De nada servía, por lo tanto, como medida de "la capacidad de los taínos", la palmaria evidencia de que aquellos "hombres primitivos" habían vivido y se habían mantenido hasta entonces en su propio medio y -por decirlo en términos que incurren en la misma impropiedad que se critica- según sus propias "estructuras socio-económicas" ajenas al concepto mismo de "trabajo", al al dinero y al salario, sino que la única medida, considerada aquí de hecho como antropológicamente universal, era la de "un hombre labrador de razonable saber, de los que en Castilla viven", de tal manera que, aplicando el caso de la expresión de Polanyi, no era la falta de "estímulo del lucro" en sí mismo y por sí mismo lo que hacía que aquellos "hombres primitivos" recibiesen un suspenso en el examen de su "capacidad", sino la falta de indeterminación, de ductilidad, de disponibilidad y separabilidad individual que precede o acompaña al "estímulo del lucro", o sea la independencia del móvil económico frente a las concreciones de vida y sociedad en que vivían "incrustados" -otra expresión de Polanyi- los taínos de La Española."


"Y a este propósito, no me parece temerario interpretar, o más bien traducir a términos de jerga voluntariosa aunque bien intencionadamente "teórica", la carencia principal por la que los taínos de La Española se ganaron un suspenso en el "examen de capacitación" de 1517 como la incapacidad abstractiva de cada individuo aislado para concebirse a sí mismo como un lugar vacío contractualmente ocupable o, lo que es lo mismo, la imposibilidad mental de desdoblarse en "propietario" y "propiedad" con respecto a su "fuerza de trabajo", como condición de posibilidad para constituirse en parte contractual en la para él desconocida relación de producción que le pedía el colono."

Rafael Sánchez Ferlosio, "Non olet"