Documental que nos acerca a la patología de las corporaciones. Se divide en tres capítulos. En este video están juntos, por eso es tan extenso.
Mostrando entradas con la etiqueta Mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mundo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 8 de octubre de 2008
jueves, 24 de julio de 2008
lunes, 18 de febrero de 2008
"Ikea te quiere. Un modelo a desmontar." de Olivier Bailly, Jean-Marc Caudron y Denis Lambert

Este libro tiene la virtud de ser breve y ameno. Bailly, Caudron y Lambert -periodista y activistas de ONG respectivamente- escudriñan al gigante sueco del mueble hasta allí donde se lo permite la opacidad de esta exitosa empresa. Fundada en 1943 por Ingvar Kamprad (un calvinista cicatero que mantuvo nueve años de amistad, entre 1941 y 1950, con Per Engdahl y Sven Olov Lindholm, líderes del movimiento neosueco pronazi), Ikea facturó en el 2005 14.800 millones de euros y recibió ese mismo año a 410 millones de clientes en sus 220 establecimientos repartidos por todo el mundo, que dan trabajo a más de 90.000 empleados. La inauguración de un centro comercial en Arabia Saudita el 1 de septiembre del 2004 provocó una auténtica avalancha humana que terminó con veinte hospitalizados por desmayos, dieciséis heridos y dos muertos. Sorprendentemente para estas cifras, Ikea es una de las pocas empresas de su tamaño que no cotiza en bolsa, y una complicada red financiera la sostiene. Lo hace a través de la Stitching Ingka Foundation (radicada en Holanda, lo que no deja de ser curioso en una empresa que hace del chovinismo sueco bandera), asociada a la Stichting Ikea Foundation, poseedora de Ingka Holding, que agrupa a todas las empresas de Ikea. Ingka Holding está gestionada a su vez por Ikea International (con sede en Dinamarca), que es la encargada de asegurar las compras, la distribución, la venta y en ocasiones la producción misma del producto. Inter Ikea Systems (con sede en Delft, Holanda), subsidiaria de aquella en el organigrama de la empresa, es la compañía propietaria de la marca Ikea (su imagen). IKANO, una organización paralela, agrupa a todas las sociedades que no están integradas en Ingka Holding, y cuya sedes son, invariablemente, paraísos fiscales. Comprenne qui pourra.
Al terminar la lectura de "Ikea t’estima" uno no puede más que llevarse la impresión de que esta influyente empresa -que, no lo olvidemos, amuebla los interiores de la mayor parte de los hogares occidentales- reúne en grado sumo, bajo su impecable imagen corporativa azul-y-amarilla, todas las características negativas que uno asocia a una corporación capitalista, a saber: explotación laboral, destrucción del medio ambiente, embotamiento del espíritu de la población.
Explotación laboral, tanto en los países productores del Tercer Mundo como en los trabajadores del Primero. Después de que varios reportajes televisivos mostraran a niños trabajando para subcontratistas de Ikea en India, Vietnam, Filipinas o Pakistán (donde incluso se les encadenaba a las máquinas), la empresa de la familia Kamprad creó un código de conducta que en la práctica no es más que papel mojado, pues los trabajadores de los 1.300 subcontratistas que proporcionan sus productos a Ikea tienen prohibido el derecho a la sindicación (algunos incluso nunca han oído hablar de ello) y trabajan una media de quince horas al día (de las ocho de la mañana a las once de la noche) sin contar las horas extra y el horario nocturno, frecuente cuando se acelera el plazo de entrega de los pedidos. Muchos de los obreros que viven lejos de la fábrica duermen directamente en sus puestos de trabajo para no perder tiempo en desplazamientos, que les sería descontado del sueldo. Por si fuera poco, son los trabajadores, y no la empresa, quienes corren con los gastos en seguridad médica, descontados de sus 36€ mensuales de salario. Si lo hacen es, entre otras cosas, porque ponerse enfermo en una factoría de Bangla Desh o India significa uno o dos días sin sueldo. El grueso de las auditorias a estos subcontratistas lo realiza el Compliance and Monitoring Group de Ikea con lo que, como afirman los autores, sería como si un alumno de instituto se encargase de su propia evaluación. Más cerca de nosotros, Ikea ha destacado fomentando el trabajo precario entre jóvenes y estudiantes, o rompiendo huelgas (en Bélgica ofreció un bono de compra en una tienda de electrodomésticos a los trabajadores que permanecieran en su puesto de trabajo el día de la huelga), pero tiene su peor antecedente en una circular interna de la compañía en Francia firmada por el director de marketing, que aconsejaba no contratar a trabajadores de color porque "tienen menos posibilidades, y aquí de lo que se trata es de avanzar rápido." Según un sindicalista citado por el diario L’Humanité, el director de un Ikea parisino declaró a la prensa en 1997 que querían reforzar "su imagen nórdica" y que por esa razón no iban a poner "personas de origen extranjero en contacto con la clientela." Se pidió a Ikea que desmintiera estas acusaciones, pero los responsables de la compañía -me disculparéis la broma- se hicieron los suecos.
Destrucción del medio ambiente. Después de los escándalos que estallaron en Dinamarca y Alemania en los 80 por la presencia de formaldehído y otras sustancias tóxicas en sus productos, el origen de la madera de los muebles expuestos en Ikea sigue siendo, en su mayor parte, de procedencia dudosa y, con toda probabilidad, talada sin ningún control en los bosques de Rusia o China. Sólo en el 2005 se calcula que esta madera de naturaleza incierta alcanzaba los 640.000 metros cúbicos. La voracidad maderera del coloso sueco se retroalimenta con su estrategia empresarial de obsolescencia planificada, pues ninguno de sus productos está diseñado para durar más de dos temporadas y, aún haciéndolo, su poderosa maquinaria publicitaria tratará de convencer a sus fieles compradores de lo contrario, pues uno de sus mayores logros estriba precisamente en haber sustraído el valor patrimonial del mueble para convertirlo en un producto de consumo. Pero el expediente ecológico de Ikea no termina aquí. Su modelo de grandes superficies en el extrarradio obliga a los clientes al desplazamiento en automóvil con lo que, de las más de dos toneladas(2.808.424, exactamente) de CO2 que Ikea libera anualmente, el 56% es imputable a los compradores.
Embotamiento del espíritu de la población. La extensión y creciente hegemonía del diseño Ikea, del mueble de líneas y madera clara, uniformiza los interiores de los hogares, narcotiza la creatividad de los diseñadores y elimina progresivamente las particularidades culturales de cada nación, un patrimonio humano que era garantía de diversidad. Lo peor es que Ikea ni siquiera representa el diseño sueco, sino su propio diseño, el diseño Ikea, y con él pretende crear un mundo a su imagen y semejanza. Para los trabajadores de los centros comerciales resulta igualmente alienante, como escriben los autores de este libro, "pasar su jornada laboral disfrazados de canario y rodeados de cocinas", realizando una "actividad monomaniaca en la tienda alineando decenas de miles de vasos o centenares de palillos" en lugar de "un trabajo de dimensión humana que ofreciera actividades más variadas". La publicidad, uno de los pilares fundamentales de la compañía, promueve a macha y martillo el consumo irracional, con consecuencias funestas no sólo para el medioambiente, sino para los cada año más endeudados hogares europeos.
Y si después de todo este cahier de doléances alguien todavía puede creer en las bondades de la ideología de un mercado libre completamente desbocado (el sistema que, según nos repiten con insistencia, asegura la libertad personal a través del consumo), bandera que Ikea enarbola orgullosamente, no está de más recordar que el 75% de Habitat, la principal competidora de Ikea, está en manos de la familia Kamprad. El otro 25% lo posee la Stitching Ikea Foundation. Todo queda en familia y el monopolio se disfraza de falsa libertad de elección.
Uno de los platos que nunca falta en los comedores de Ikea son las albóndigas (suecas, naturalmente). Según parece, incomestibles. Pero viendo lo que hace con sus empleados y el medio ambiente, esta carne triturada es el menor de sus pecados.
Reseña de Ikea t’estima. Un model per desmuntar de Olivier Bailly, Jean-Marc Caudron y Denis Lambert
Reseña de Àngel Ferrero extraída de Rebelion.org

"TRABAJANDO EN IKEA TE SIENTIRÁS COMO EN CASA.
En Ikea te ofrecemos la posibilidad de trabajar como si estuvieras en tu casa. Y es que tenemos cocinas, comedores, dormitorios... y lo que es más importante, un ambiente muy cercano y un equipo de confianza con el que podrás ser tú mismo, compartir tus ideas y crecer tanto personal como porfesionalmente"
Campaña de Ikea para reclutar personal
miércoles, 6 de febrero de 2008
"No logo. Brands, Globalization and Resitance" Naomi Klein 2003
Esta es la versión audiovisual del conocido libro de Naomi Klein titulado No Logo. He de suponer que las ideas se exponen en este documento de forma más escueta, no he tenido la oportunidad de leer el libro al no llegar a mis manos, ni tampoco he tenido la voluntad de buscarlo. Aquí presento un resumen de lo visto, siempre es mejor que cada cual lo vea por sí mismo. Sin lugar, sin opción, sin empleo. Esta es, según la protagonista, la situación a la que nos ha llevado el desarrollo corporativo.

Sin lugar: Un nuevo mundo de marcas. Con la producción anónima y en masa y el transporte en masa se rompieron las antiguas relaciones económicas que contenían una relación de confianza entre cliente y vendedor. Las mercancías llegaban desde extraños lugares en tren o en camión. El primer marketing corporativo trató de ganarse la confianza del cliente mediante logos agradables (Quaker Oats, Aunt Jamina…). Con el tiempo la publicidad ha pretendido asociar una marca a una idea o un estilo de vida. Coca Cola (juventud, paz y amor), Disney (visión nostálgica de los tradicionales pueblos estadounidenses) y Nike (naturaleza del deporte: esfuerzo, habilidad, resistencia…) son marcas pioneras en el desarrollo de este abyecto e ingenioso marketing. En nuestra cultura las ideas han perdido su valor, no son tratadas como si estuvieran conectadas a acciones o creencias. Las ideas más poderosas son usadas para el marketing. En especial gusta usar la idea de democracia y la idea de revolución (Virgin, pionera en utilizar la idea de rebeldía; Bodyshop, movimiento por el medio ambiente; Apple, figuras revolucionarias, hacer las cosas de manera diferente; Ikea, democracia, ensamblar los muebles por ti mismo, arquitecto de tu propio destino; etc.). Lo que vende ahora es el consumidor utilizando un producto determinado, las experiencias y pensamientos que pueden azotarle si consume un producto. Se intenta unir la marca con el modo que usan las personas dicha marca. Mediante la conjunción entre música y marcas (sponsorización de conciertos y grupos, aparición en publicidad de músicos…) estas últimas pretenden convertirse en estrellas, no sólo en sponsors, sino asimilar la identidad y energía de las bandas (un ejemplo puede ser la última campaña de Coca Cola en conjunción con Mecano, y el remate del popurrí de OT que tuve oportunidad de presenciar). La marca Tommy Hilfiger se puede considerar pionera en la colocación del logo a considerable escala en la propia ropa fabricada, de tal modo que los propios consumidores se convierten en paneles publicitarios a talla humana. El éxito de una marca viene dado por su capacidad de expansión: no sólo se es una compañía de ropa si también se es una compañía discográfica, no se es una compañía discográfica si se pueden poseer aviones. Las marcas desean poder estar en todos los sitios y ser parte imprescindible de todo.

El nirvana de las marcas lo ha propiciado Disney con su ciudad “Celebración” en Florida. Multitud de familias viven a tiempo completo en una marca (escuelas Disney, elección de representantes Disney, vida privatizada por completo). Construida como si fuera un monumento, sin paneles publicitarios, sin franquicias en las calles, con grandes espacios verdes, fuentes y niños jugando en la calle. Un idílico monopolio corporativo.
Sin opción: Bombardeo de marcas. No hay posibilidad de desconectar la publicidad, esta se encuentra por doquier. La publicidad se ha incluido hasta en los shows, teleseries y filmes. Al resultar cada vez más difícil captar nuestra atención por el continuo bombardeo de imágenes, la industria intenta renovar su creatividad (publicidad en transbordadores espaciales, en la arena de la playa, en los lavabos, etc) Al ser todo explotable comercialmente, cada vez hay menos lugares donde relacionarse como ciudadanos. La galería comercial pretende imitar a una plaza pública (bancos, fuentes, farolas…), pero estos espacios se rigen por leyes de propiedad privada (dificultad del sabotaje cultural en estos espacios). Existe también la censura corporativa, en la que una marca promueve un determinado tipo de mensaje a través de la expresión artística.
Sin empleos: La factoría deshechada. El objetivo prioritario de las marcas ya no es producir bienes, sino imagen y contenido corporativo. Nike es el paradigma de esta dinámica empresarial, esta firma no posee ni una corporación y todo el registro intelectual que se pueda imaginar (hace poco hemos podido ver como han utilizado sin pudor la tipografía e imagen de portada de los míticos Minor Threat). La proliferación de esta dinámica empresarial ha generado un laberinto de contratas y subcontratas esparcidas por el mundo, en detrimento de los trabajadores que realizan el producto físico, que reciben una pequeña porción del precio de venta final. Países como Indonesia, China y Vietnam, han llegado a crear parques industriales, rodeados de verjas altas y guardias con una masa trabajadora compuesta de mujeres jóvenes provenientes de otras áreas (se trata de conformar unos trabajadores dóciles y sin lazos de unión entre sí), que se dedican a la producción de bienes para EEUU, Canadá y Europa. Los países menos desarrollados compiten entre ellos para conseguir atraer factorías a sus suelos, esta competencia se traduce en conseguir ser el país con la mano de obra más dócil y barata. También el fenómeno de la marca supone un impacto para la población laboral del mundo desarrollado. Las factorías cierran y se lleva a los países con mano de obra barata y los contratos basura proliferan (Manpower y Wal-Mart son los dos mayores proveedores de trabajo en EEUU, Mac-empleos, etc.).

Sin Marca: Activismo anti-corporativo y reclamando las calles. En multitud de productos que consumes tienes la historia de la globalización. Existe el activismo de investigación, que trata mirar detrás de la superficie de las marcas. El sendero termina en las instituciones que legislan el comercio internacional (FMI, BM, OMC). Recuperar lo público ha de ser el eje de la acción (para el que este resumen realiza, lo público no es equiparable a lo estatal, no tengo claro si la protagonista sigue mi misma dirección)… Otras formas de acción pueden ser la interferencia cultural (por ejemplo, analizar el comportamiento social en un centro comercial para subvertirlo) y la destrucción o desvío del material publicitario. Naomi Klein parece tener excesiva fe en lo que se ha dado por llamar el movimiento antiglobalización. En lo que a mi respecta me sumo al carro de los que piensan que el movimiento antiglobalización no es un movimiento ni está contra la globalización.

Sin lugar: Un nuevo mundo de marcas. Con la producción anónima y en masa y el transporte en masa se rompieron las antiguas relaciones económicas que contenían una relación de confianza entre cliente y vendedor. Las mercancías llegaban desde extraños lugares en tren o en camión. El primer marketing corporativo trató de ganarse la confianza del cliente mediante logos agradables (Quaker Oats, Aunt Jamina…). Con el tiempo la publicidad ha pretendido asociar una marca a una idea o un estilo de vida. Coca Cola (juventud, paz y amor), Disney (visión nostálgica de los tradicionales pueblos estadounidenses) y Nike (naturaleza del deporte: esfuerzo, habilidad, resistencia…) son marcas pioneras en el desarrollo de este abyecto e ingenioso marketing. En nuestra cultura las ideas han perdido su valor, no son tratadas como si estuvieran conectadas a acciones o creencias. Las ideas más poderosas son usadas para el marketing. En especial gusta usar la idea de democracia y la idea de revolución (Virgin, pionera en utilizar la idea de rebeldía; Bodyshop, movimiento por el medio ambiente; Apple, figuras revolucionarias, hacer las cosas de manera diferente; Ikea, democracia, ensamblar los muebles por ti mismo, arquitecto de tu propio destino; etc.). Lo que vende ahora es el consumidor utilizando un producto determinado, las experiencias y pensamientos que pueden azotarle si consume un producto. Se intenta unir la marca con el modo que usan las personas dicha marca. Mediante la conjunción entre música y marcas (sponsorización de conciertos y grupos, aparición en publicidad de músicos…) estas últimas pretenden convertirse en estrellas, no sólo en sponsors, sino asimilar la identidad y energía de las bandas (un ejemplo puede ser la última campaña de Coca Cola en conjunción con Mecano, y el remate del popurrí de OT que tuve oportunidad de presenciar). La marca Tommy Hilfiger se puede considerar pionera en la colocación del logo a considerable escala en la propia ropa fabricada, de tal modo que los propios consumidores se convierten en paneles publicitarios a talla humana. El éxito de una marca viene dado por su capacidad de expansión: no sólo se es una compañía de ropa si también se es una compañía discográfica, no se es una compañía discográfica si se pueden poseer aviones. Las marcas desean poder estar en todos los sitios y ser parte imprescindible de todo.

El nirvana de las marcas lo ha propiciado Disney con su ciudad “Celebración” en Florida. Multitud de familias viven a tiempo completo en una marca (escuelas Disney, elección de representantes Disney, vida privatizada por completo). Construida como si fuera un monumento, sin paneles publicitarios, sin franquicias en las calles, con grandes espacios verdes, fuentes y niños jugando en la calle. Un idílico monopolio corporativo.
Sin opción: Bombardeo de marcas. No hay posibilidad de desconectar la publicidad, esta se encuentra por doquier. La publicidad se ha incluido hasta en los shows, teleseries y filmes. Al resultar cada vez más difícil captar nuestra atención por el continuo bombardeo de imágenes, la industria intenta renovar su creatividad (publicidad en transbordadores espaciales, en la arena de la playa, en los lavabos, etc) Al ser todo explotable comercialmente, cada vez hay menos lugares donde relacionarse como ciudadanos. La galería comercial pretende imitar a una plaza pública (bancos, fuentes, farolas…), pero estos espacios se rigen por leyes de propiedad privada (dificultad del sabotaje cultural en estos espacios). Existe también la censura corporativa, en la que una marca promueve un determinado tipo de mensaje a través de la expresión artística.
Sin empleos: La factoría deshechada. El objetivo prioritario de las marcas ya no es producir bienes, sino imagen y contenido corporativo. Nike es el paradigma de esta dinámica empresarial, esta firma no posee ni una corporación y todo el registro intelectual que se pueda imaginar (hace poco hemos podido ver como han utilizado sin pudor la tipografía e imagen de portada de los míticos Minor Threat). La proliferación de esta dinámica empresarial ha generado un laberinto de contratas y subcontratas esparcidas por el mundo, en detrimento de los trabajadores que realizan el producto físico, que reciben una pequeña porción del precio de venta final. Países como Indonesia, China y Vietnam, han llegado a crear parques industriales, rodeados de verjas altas y guardias con una masa trabajadora compuesta de mujeres jóvenes provenientes de otras áreas (se trata de conformar unos trabajadores dóciles y sin lazos de unión entre sí), que se dedican a la producción de bienes para EEUU, Canadá y Europa. Los países menos desarrollados compiten entre ellos para conseguir atraer factorías a sus suelos, esta competencia se traduce en conseguir ser el país con la mano de obra más dócil y barata. También el fenómeno de la marca supone un impacto para la población laboral del mundo desarrollado. Las factorías cierran y se lleva a los países con mano de obra barata y los contratos basura proliferan (Manpower y Wal-Mart son los dos mayores proveedores de trabajo en EEUU, Mac-empleos, etc.).

Sin Marca: Activismo anti-corporativo y reclamando las calles. En multitud de productos que consumes tienes la historia de la globalización. Existe el activismo de investigación, que trata mirar detrás de la superficie de las marcas. El sendero termina en las instituciones que legislan el comercio internacional (FMI, BM, OMC). Recuperar lo público ha de ser el eje de la acción (para el que este resumen realiza, lo público no es equiparable a lo estatal, no tengo claro si la protagonista sigue mi misma dirección)… Otras formas de acción pueden ser la interferencia cultural (por ejemplo, analizar el comportamiento social en un centro comercial para subvertirlo) y la destrucción o desvío del material publicitario. Naomi Klein parece tener excesiva fe en lo que se ha dado por llamar el movimiento antiglobalización. En lo que a mi respecta me sumo al carro de los que piensan que el movimiento antiglobalización no es un movimiento ni está contra la globalización.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)